
Sé que ha llovido mucho desde entonces, y que la arquitectura corre a pasos agigantados, y que más de uno ya habrá visto este edificio en su debido momento, pero no me he podido resistir por varios motivos; después de ver el vídeo de su construcción , que las cáscaras de hormigón no dejaran de sorprender (y hago mención a una antigua entrada de un edificio que no hay que dejar de ver en Madrid) y por la forma tan “sencilla” y lógica de construirlo, y esto es una vez más una lección, para darnos cuenta de que a veces todo parece mucho más complejo de lo que creemos.

Este proyecto se presenta bajo los arquitectos Ryue Nishizawa pasado premio Pritzker con su socia Kazuyo Sejima, un interesante museo, que nace de la propuesta de maclar el arte, arquitectura y paisajismo, donde la intervención es mínima e intentan dar cierta continuidad de dialogo entre lo construido y lo existente. La intención del mismo es introducir la naturaleza como sensación única, interactuando de una manera directa, donde lo único que se expone es la propia cáscara en la que se recoge el agua, el aire y el sonido de la naturaleza que te envuelve, en una pequeña isla llamada Teshima del sur de Japón en el mar de Seto, lugar donde se ubica el proyecto.








