Objeto no identificado

Posted: 28 junio 2010 | Publicado por Gonzalo Martín | Tags: , ,

Abstracto es la cualidad que no pretende representar seres concretos y atiende sólo a elementos de forma, color, estructura o proporción. Como abstractos podemos referirnos a edificios descontextualizados, icónicos, que parecen no estar planteados para un lugar concreto y que por su carácter representativo o emblemático pertenecen más al mundo de la escultura (¿qué habrá sido del genius locci del que me hablaban cuando comencé la carrera?). Eso mismo pasa con algunas de las construcciones recientes en nuestras ciudades.




En la Antigüedad, cuando los poderes político y religioso iban de la mano, se construyeron edificios para asombrar al pueblo: grandes monumentos para conmemorar una victoria en la guerra, palacios de dimensiones descomunales para incidir que el monarca es quien gobierna, enormes edificios destinados al culto para hacer entender a los hombres que no son nada en comparación con dios, recintos funerarios para rendir homenaje a un emperador… Pero más tarde esos poderes quedan relegados a un segundo plano con la aparición del capitalismo y el dinero como aquel que mueve los hilos por encima de todo lo demás: enormes rascacielos comienzan a despuntar el horizonte de las ciudades para albergar oficinas de importantes bancos y empresas, dando perfectamente a entender quién es el que manda ahora.

En las últimas décadas y fomentado por la aparición de los primeros rascacielos a finales del siglo XIX, han ido apareciendo edificios más bien ensimismados, aislados, hechos más para la contemplación, despreocupados con la realidad que rodea el lugar donde se han construido. En este sentido, hemos podido observar cómo en Valencia Santiago Calatrava ha cultivado un nuevo parque plagado de edificios icónicos, que poco o nada tienen que ver con lo que les rodea. Formas caprichosas, elementales, ajenas a la escala de las personas para albergar un parque temático de la ciencia: un ojo que hasta parpadea, un gran costillar como si se tratase del esqueleto de un animal varado en la orilla del río, un casco de guerra que hace las veces de auditorio y otro sinfín de elementos cónicos parecidos a conchas u otros animales marinos que parecen haber venido de otro mundo. No es casual que el remake de la serie de los 80 V haya utilizado imágenes del recinto de la Ciudad de las Artes y las Ciencias para ambientar el interior de una nave nodriza de la serie de alienígenas. De forma más reciente, también aparece el auditorio de Tenerife, donde una exuberante vela doblada no quiere más que deslumbrar a todo el que viaje a la isla. Pero el que pienso es el colmo es el nuevo Palacio de Congresos que está construyendo en Oviedo, donde parece que una nave espacial (algo así como la nave Enterprise de Star Trek) ha aterrizado en la ciudad. No hay una relación con el entorno, una vocación de asumir la ciudad preexistente, sino más bien un ¡eh, ya estoy aquí, he llegado a la ciudad!

Frank Gehry, el maestro de los pliegues, es sin duda otro ejemplo. En Praga construyó un edificio de lo más kitsch constituido por dos bloques que parecen abrazarse haciendo referencia a los bailarines Fred Astaire y Ginger Roger. En Bilbao dio la campanada con el museo Guggenheim, donde las planchas de titanio supusieron el pistoletazo de salida a lo que se ha venido a llamar arquitectura mediática. De la noche a la mañana unos astilleros abandonados se convirtieron en el centro de atención a nivel mundial. No es casual que cerca de allí repitiera la operación en el hotel de las bodegas Marqués de Riscal en Elciego. El estrafalario Walt Disney Concert Hall de Los Ángeles fue parodiado brillantemente por Matt Groening en los Simpsons, donde se veía que el autor diseñaba un auditorio similar a partir de un papel arrugado tirado en el suelo, donde el edificio se levantaba con prismas rectos que después eran golpeados hasta conseguir las formas tan características de su arquitectura.

El complejo Cuatro Torres Business Area que ocupa los terrenos de la antigua Ciudad Deportiva del Real Madrid (situado frente a una pequeña colonia que levantó Secundino Zuazo para los trabajadores de la Empresa Municipal de Transportes) contrasta de forma estrepitosa con lo que las rodea: el saturado hospital de La Paz, el más que modesto barrio de Tetuán y el Parque Norte, levantado sobre una antigua escombrera. Este complejo, que puede verse incluso desde fuera de la Comunidad de Madrid, quiso ser símbolo del progreso y los nuevos tiempos de la ciudad, coincidiendo precisamente con una de las crisis más graves que ha azotado la economía a nivel mundial. Para más inri, tras ellas está levantándose el Centro de Convenciones de la Ciudad de Madrid que parece un gran queso dorado y que bien recuerda a otras creaciones de los mismos autores.

Asimismo, Rem Koolhaas propone en los Emiratos Árabes una ciudad en mitad de la nada donde, con la excusa de levantar algo que mire por encima de lo demás, propone un gigantesco edificio (con gran semejanza a la famosa Estrella de la Muerte que apareciese en la Guerra de las Galaxias) de forma circular que parece fuera a echar a rodar por entre las dunas del desierto.

Y es que en la mayor parte de estas ocasiones, esta arquitectura de autor, muchos políticos lo que buscan es una firma para su ciudad, no tanto que sus edificios respondan a unas necesidades concretas, eso se da más que por hecho. Así de abstractos (u obtusos) nos hemos vuelto, que importa más situar una ciudad en el mapa o que salga en los medios antes que responder a las necesidades reales de los ciudadanos que las viven (o sufren) a diario. Y luego encima dirán que se les ha ido un poco de presupuesto…

Artículo publicado en DXI#38 ABSTRACTO www.dximagazine.com