Futuro de las grandes torres

Posted: 08 junio 2009 | Publicado por Iñigo S. Arrotegui | Tags: ,

Seagram Building, Nueva York, Mies van der Rohe.

En la comedia "El diablo viste de Prada", podemos escuchar la siguiente reprimenda: tú eliges ponerte un jersey deforme azul por la mañana diciendo al mundo que te valoras lo justo como para no preocuparte de que ponerte, pero lo que no sabes es que ese jersey no es solo azul, no es turquesa, ni es marino, en realidad es ceruleo. Tampoco eres consciente del hecho de que en 2002 Oscar de la Renta, presento una colección de vestidos ceruleos, y luego el azul ceruleo apareció en las colecciones de ocho diseñadores distintos y después se filtró a lo grandes almacenes... y lo que era una noche despreocupada con cena casera, luz tenue y tabaco, pasó a ser una de reflexión y consultas a mi modesta biblioteca. Ese proceso que convierte una tendencia de la alta costura, en ropa de bajísimo presupuesto pocos años después, es muy parecido al que han sufrido los grandes rascacielos a raíz del Seagram de Nueva York.

Mies diseñó un edificio minimalista, de grandes gestos con una economía de medios justa y adecuada, de gran reflexión. El hecho de dejar media parcela libre para ganarla como plaza pública, haciendo mucho más trascendental el fenómeno de entrada, insertando la ciudad en el edificio y la torre en la ciudad. La elección, como en el resto de su obra, de todos los materiales y su colocación de forma perfecta. La libertad de sus plantas para una funcionalidad casi infinita... pasa a ser por lo efectivo y económico de su construcción, un ejemplo a seguir por el resto de promotores neoyorkinos y mundiales, pero sin toda esa reflexión arquitectónica, tan solo sabiendo aprovechar las ventajas económicas. Resultado: las míticas cajas de acero y cristal que endurecen nuestros centros empresariales.

Nueva York de nuevo, centró la atención del mundo de la edificación en altura, con el concurso que pretendía suplir la fatídica ausencia del World Trade Center. En dicho concurso, pudimos ver una reflexión por parte de algunos arquitectos de como debían modificarse estas construcciones según las necesidades y convenciones de la arquitectura a principios del siglo XXI. Razones como la imposibilidad de resultar rentables las torres a partir de 300 metros, la mezcla de usos que atraigan al publico a cualquier hora del día, diversificando el público que habite la actuación, la posibilidad de conectar dichos usos y un largo etcétera.



1ª imagen: Proyecto ganador. Libeskind.
2ª imagen: Uno de los proyectos finalistas. Meier.

El miedo a un nuevo "empty", como le ocurriese al Empire State Building o al WTC antes, hizo que Libeskind ganase muchos puntos por la posibilidad de acometer el proyecto en varias etapas. Pero dicho proyecto planteaba la creación de todo un complejo casi autónomo en donde se aglutinan todos lo usos de una gran ciudad, disponiendo de cultura, sector terciario, vivienda, oficinas... y todas ellas diferenciadas en diferentes volúmenes en torno al memorial de los atentados e interconectados entre si.


Pero el proyecto hay que construirlo y para ello se necesita financiación, lo que en EEUU significa empresa privada con el poder suficiente como para imponer su criterio. Sumado todo ello al miedo irracional instaurado en el país y fomentado desde la administración republicana a nuevos atentados, hizo que bomberos y policías interviniesen de forma crítica en la evolución del proyecto. Resultado: eliminación de usos, de gran parte del espíritu inicial y en la última propuesta, incluso la exclusión del artífice de la idea, Libeskind.


2ª propuesta corregida de Libeskin (arriba)y última versión aprobada sin la participación del polaco y diseños de entre otros Norman Foster.

Y este es el resultado final que hemos de sufrir en el futuro. Una actuación con cuatro torres, las cuales no guardan en algunos casos, ni el espíritu de lo ideado por el ganador del concurso. Rascacielos convencionales que no aportan nada nuevo a la arquitectura, anclados en el convencionalismo propio de las promotoras inmobiliarias y sin dotaciones públicas que ofrecer al ciudadano neoyorkino.

¡Qué oportunidad ha perdido Nueva York!


Iñigo Areche