

La nueva Biblioteca-CRAI está concebida como Centro de Recursos para el Aprendizaje y la Investigación, como lugar para la formación continua y de encuentro universitario y cultural, que teniendo presente su historia, mira hacia el futuro, proporcionando acceso a los recursos de información necesarios para la Comunidad Universitaria de Deusto, profesores e investigadores de todo el mundo, así como a instituciones y empresas.
Me gustaría hablar de muchas cosas: de cómo Bilbao es claro ejemplo del siglo en el que vivimos. De que el sector servicios ha sometido a la industria y de cómo afecta eso a las ciudades. Seguramente tenga numerosos matices que tratar: Políticos, económicos, culturales.
Pero prefiero reflejar mi percepción de la metamorfosis de Bilbao en los últimos años; que me parece, si no más interesante, más autentica. Así, en lugar de localizar la zona de
Abandoibarra rápidamente en
el plano de la capital Vizcaína, diré que fue allí donde mi padre me enseño lo que era "una aduana". No estoy hablando del periodo mesozoico, si no de hace apenas 15 años (que yo rondaría los 8). Por supuesto el
Superpuerto ya existía, pero recuerdo ver justo enfrente de la universidad de Deusto, negra y cansada, cientos de contendores portuarios amontonados. Esta anarquía postindustrial con una extraña belleza sublime (o por lo menos yo lo recuerdo así, como un bonito recuerdo) lindaba con la verde ría (que no rio) y su nauseabundo olor.


Abandoibarra en los años 80
Sería poco después, cuando ya tenía derecho a comulgar, que empezó a erigirse una
mole incomprensible a mis inocentes ojos (y a los de mis padres) que acabaría convirtiéndose en el edificio calificado como "más importante del siglo XX". Por aquel entonces yo estaba convencido de que el señor "Guggenheim" tenía que ser un gran arquitecto. Al final de ese mismo verano vi
los fuegos
de Begoña frente al depósito franco, edifico abandonado en el muelle de Uribitarte.
Plán para la ria
De una manera casi obscena, junto a esa "maravilla" que todos admiraban se mantuvo muchos años un terraplén de dimensiones hercúleas. No mostraba movimiento ni cambio. Perdido. Y yo no entendía como no se hacía algo allí. Un museo no, había otro enfrente. ¿Casas? ¿Parques? Entre tanto
Michael Aptad se cuido de filmar solo aquello que estuviese acabado.
1992

2005
Bilbao siguió cambiando, no solo la ría: El metro de Foster, la recuperación
del tranvía, la transformación de la Gran Vía, el Termibus, etc. Hoteles (el
Sheraton de Legorreta, el Miró de Carmen Abad, cuyos interiores diseñó Antonio Miró) empezaban a tomar una ciudad, que cada año parecía más limpia y cuidada. Los antiguos cines cerraban y un
Centro comercial que firmaba un americano de apellido
Stern sometía al populacho. Junto a él,
el edificio de Soriano buscaba el recuerdo de la aduana de mi padre.
El solar que lindaba la obra de Gehry (ya conocía a Gehry) había cambiado, parte de él seguía en obras pero una importante parte se transformó en un parquecillo (con zona infantil y todo). La ría del Nervión había dejado de oler (eso sí, sigue verde), prodigiosamente se había convertido en un
paseo, con sus bancos,
sus carriles bici,
sus pergolas y sus esculturas de acero cortén (Incluso nuevos puentes:
algunos interesantes, algunos de Calatrava.). Sobre el edificio depósito del que antes hablaba se elevaban 2 inmensas torres de cristal que un japonés, de nombre
Isozaki, firmaba. Ese año vi los fuegos intentando no resbalar en
el Zubizuri.

El parque de
Doña Casilda (a lo Central Park) abrazaba ya el Sheraton y el círculo comenzaba a cerrarse. Solo la parte central de Abandoibarra continua en obras. Hoy Moneo ha puesto una piedra más en una pirámide policromática que engloba las arquitecturas del espectáculo, las del proyecto, las de los interiores, las del urbanismo y las de la polémica. Y aún quedan
Cesar Pelli, que ya ha empezado a construir
su torre,
Alvaro Siza, Cesar Portela, Carlos Ferrater, Zaha Hadid o Ganchegui, entre otros.