Las cosas de Palacios van despacio

Posted: 01 agosto 2008 | Publicado por José Puerta | Tags: , , ,

La ciudad de Madrid no sería igual sin el Palacio de Comunicaciones, sin los edificios del Banco Central o del Círculo de Bellas Artes, ni sin sus bocas de Metro. Todos estos objetos forman parte de su identidad. Todos ellos transformaron, a principios del pasado siglo, una modesta población en una gran ciudad. Y fueron colocados en sus calles por el arquitecto Antonio Palacios Ramillo (Porriño, Pontevedra, 1874, Madrid, 1945), figura clave que ha permanecido oculta tras una obra colosal.





Palacios se titula en el año 1900 en la escuela de Madrid junto a su compañero, amigo y socio Joaquín Otamendi (San Sebastian, 1874- Madrid, 1960). Pronto monta un pequeño estudio en un piso de la calle de las Maldonadas, en el que también vive. Empiezan presentándose a varios concursos, con notable éxito aunque sin llegar a ganar ninguno de ellos. En 1904, con 30 años de edad, se presenta al concurso para la construcción de la nueva Casa de Correos.

Y ganan. Su proyecto fue el mejor de cuantos participaron. Resolvía con claridad las necesidades del programa. Se pedía un gran espacio industrial, pero que guardara una correcta apariencia institucional. Palacios y Otamendi responden con un proyecto muy funcional, cuya organización interior gira en torno a una gran nave central, solemne espacio abierto a la ciudad. Estudian científicamente la distribución de los departamentos y optimizan la circulación de la correspondencia. Por fuera, Nuestra Señora de las Comunicaciones, apodo popular surgido incluso antes de la inauguración del edificio en 1918, sería un monumento a la centralidad, de intenso carácter nacional en un momento de frágil moral tras los desastres de 1898.


El más importante representante del Modernismo madrileño de principios del siglo XX, aparte de deleitarnos con su obra echa realidad, nos obsequia con algunos escritos y reflexiones sobre la profesión:

"No solo es la duda de la intrincada trama de la idea germen, de la forma que al plasma, de las 1000 dificultades de la realización constructiva: es la vacilación de la medida y ritmo y de los problemas de materia, masa y color; es el tormento de pasar las noches desveladas por la más acertada resolución de los problemas mecánico, económico o social, entrañando cada uno, en competencia con los demás, la máxima gravedad; es el desdoro o la vergüenza de la equivocación posible, equivocación al descubierto de todas las publicidades; es el suplicio mayor aún del temor a los errores o del abandono de los demás; son las vidas o las fortunas pendientes de nuestros aciertos, de nuestros desvelos o nuestros propios abandonos; es, en otros casos, la posibilidad de destruir la integral belleza de una ciudad o la de un paisaje; es la responsabilidad para siglos, la responsabilidad para siempre, de la obra que creamos, o la más funesta responsabilidad aún de estropear las obras realizadas por los hombres superiores de otros tiempos" A.P. 1926



"La obra del Arquitecto es la ya realizada, y su exposición es la calle o la plaza pública. El proyecto no es más que una vaga sombra prometedora de algo que acaso no responda a la sugestión que ofrezca la vista de un dibujo. Los antiguos arquitectos no dibujaban nunca los edificios en la forma en la que hoy se acostumbra. Después del proceso mental necesario pasaban directamente a la ejecución, sin más intermedio que un ligero croquis que no tenía más valor que una anotación taquigráfica del pensamiento [...].

De lo dicho anteriormente acaso deba deducirse que nuestro sistema proyectivo actual es, indudablemente, práctico para la organización material de los trabajos, pero acaso muy perjudicial para los resultados artísticos, pues las proyecciones, las habilidades de dibujo y otras otras circunstancias accidentales son casi siempre engañosas para el resultado arquitectural efectivo, real, en sus masas, alejamientos, claroscuros, modificación de proporciones en la visión real y otras circunstancias decisivas para ese resultado artístico, que, a juicio mio, solo puede obtenerse "pasando" el edificio directamente del cerebro a la realización.
Así pues, yo creo que la exhibición de planos es una cosa sin interés, y que de existir premios debieran ser para las obras realizadas, y éstos se darían bastantes años después de ejecutado el edificio, dejando un lapso de tiempo suficiente para que los juicios pudieran ser bien madurados. Sin embargo, no se puede desconocer que la exhibición de los planos es un medio, acaso el único, de que pueden disponer los jóvenes arquitectos, aparte de los concursos, para darse a conocer. Y en este sentido es necesario procurarles este medio de las exposiciones." A.P. 1929

Nuestro profesor de Historia de 5º, David Rivera, nos comentó que no conocía apenas publicaciones sobre este importante arquitecto, yo os recomiendo el libro: Antonio Palacios. Constructor de Madrid (Ediciones la librería). Es una monografía de la obra del arquitecto bastante completa a mi parecer, con bastantes imágenes, planos y textos bastante interesantes.

+ info en http://es.wikipedia.org/wiki/Antonio_Palacios