Arquitectura récord

Posted: 15 mayo 2008 | Publicado por José Puerta | Tags: , ,

Hoy 15 de Mayo, la fiesta de los Madrileños, San Isidro Labrador (casualmente una raza canina), cerca de la pradera que Carabanchel asoma al Río Manzanares, hace un año se reinauguró el Nuevo Canódromo de Carabanchel, el cual alberga en sus entrañas un curioso record arquitectónico.

La historia de este recinto ha sido muy ajetreada, y su uso y desuso ha ido variando y alternándose con excesiva frecuencia a lo largo de la 2ª mitad del siglo XX y lo que ha transcurrido del XXI. El antiguo Canódromo era obra de José Ramón Azpiazu, y, en un principio, fue un recinto destinado a carreras de galgos y después un velódromo, que nunca llegó a usarse como tal.

El canódromo madrileño de Carabanchel, largo tiempo amenazado de demolición, reiniciaba su andadura en el tiempo hace un año como nuevo campo de fútbol del C.D.Puerta Bonita, uno de los históricos del distrito, salvándose así una pieza de la modernidad madrileña más reciente, y uno de los hitos de la producción de este arquitecto santanderino, que ha puesto su vocación estructural y su pasión constructiva al servicio de una trayectoria solvente y callada.

Como su concuñado Miguel Fisac (se casaron con dos hermanas), Azpiazu emplea el hormigón más como argumento proyectual que como medio constructivo. Sin embargo entre la obra de ambos parientes existe una gran distancia: la que separa una pieza de comportamiento unidireccional, como son los dinteles del Arquitecto manchego, del trabajo en dos direcciones de las estructuras laminares con que se identifica la primera producción del cántabro.

En paralelo con el auge internacional de que disfrutaron las cáscaras de hormigón durante los años 60-70, Azpiazu propuso una serie de proyectos que tienen en el alabeo y el pliegue de esbeltísimas losas de hormigón su hilo conductor.

Vayamos directamente al grano. Casi como una antítesis de la filigrana metálica que Antoni Bonet y Josep Puig harán para la pista canina de Barcelona dos años más tarde, el Canódromo de Carabanchel (60-61) retoma el testigo de la marquesina que los arquitectos Carlos Arniches y Martín Dominguez proyectaran junto con el ingeniero Eduardo Torroja en el hipódromo de la Zarzuela en los años previos a la Guerra Civil. Con la colaboración en el cálculo del hijo del ingeniero, José Antonio Torroja, Azpiazu propone junto a los bloques de Caño Roto una lámina plegada de tan solo 6 cm de espesor como cubierta de la tribuna de espectadores. Con una geometría no desarrollable, pero de caras planas, esta losa de perfil quebrado batió en su día el récord mundial con sus 18,5 metros de vuelo, una osadía estructural que obligó a ensayar la placa previamente a su ejecución con un modelo reducido de Plexiglas, en el Laboratorio Central dependiente del Ministerio de Obras Públicas. Basculando sobre el pilar central, la cubierta se equilibra mediante los tirantes en V de anclaje al graderio que actúa de contrapeso, sin poder evitar una flecha de 5cm al desencofrar el extremo libre que, gracias a Dios, no ha tenido consecuencias hasta el día de hoy.


Os recomiendo que accedáis a la cubierta, es muy sencillo, yo ya he estado sobre esos 18,50 m de vuelo (eso si, sin saber lo de los 6cm de espesor... ) y además de la extraña sensación que se siente al recorrer los nervios de la losa, hay unas vistas de Madrid espectaculares, mañana antes del entrenamiento intentaré sacar unas vistas desde arriba para que tengáis una primera toma de contacto.